Salud

La ciencia, en camino de revertir el envejecimiento

Superar los 100 años de vida y hacerlo con salud es un reto en el que los científicos trabajan sin descanso. Las multinacionales invierten cantidades millonarias en estudios que empiezan a dar sus frutos. Incluso se llega a hablar de inmortalidad.

Las mayores corporaciones tecnológicas del mundo se concentran en el área de Silicom Valley o Valle de Silicio, al sur de la Bahía de San Francisco (EEUU). El dinero fluye y las multinacionales se apresuran a invertirlo en estudios destinados a revertir el envejecimiento, convencidas del gran potencial de negocio que supondría elevar la esperanza de vida hasta los 140 o 150 años.

La droga antiaging

En 2013 llegaron los primeros resultados que alentaban sobre la posibilidad de restituir la juventud en ratones. El científico David Sinclair, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), al frente de un equipo de investigación conjunto con la Universidad de Medicina de Harvard (Boston, EEUU), descubrió que las células de los ratones jóvenes contenían un compuesto llamado dinucleótido de nicotinamida y adenina (NAD+), en mayor proporción que sus congéneres mayores.

Fue el punto de partida de estudios que continuaron avanzando y, según los expertos, conducirán a la síntesis de un fármaco o droga antiaging que revertirá el proceso de envejecimiento.

Sinclair y su equipo demostraron que al inyectar este compuesto en ratones viejos, empezaban a verse más jóvenes. El efecto resultó impresionante. El experimento funcionó, pero no sabían entonces cómo actuaba el NAD+, cuestión que se situó en el punto de partida para nuevos estudios cuya financiación no tardó en llegar. Los gigantes de Silicom Valley vieron la punta al que será el gran negocio del futuro.

Los trabajos de Sinclair, publicados en la prestigiosa revista Science, demostraron que al administrar un compuesto en particular a los ratones más viejos, podían activar el proceso de reparación del ADN y no solo proteger contra daños futuros, sino también reparar los efectos del envejecimiento ya existentes.

 “Después de una semana de tratamiento, las células de los ratones viejos no se distinguían de las de los jóvenes. Es lo más cerca que estamos de una droga antienvejecimiento segura y efectiva, que tardará unos tres o cinco años en llegar al mercado si las pruebas salen bien", explicó entonces Sinclair.

Los investigadores persistieron y demostraron que el tratamiento en ratones con un precursor del NAD+ llamado NMN mejoró la capacidad de sus células para reparar el daño del ADN causado por la exposición a la radiación o la vejez. Durante los últimos años, el profesor Sinclair ha estado trabajando con la empresa privada para convertir el NMN en una sustancia narcótica que provea el efecto antienvejecimiento. Espera que las pruebas con humanos empiecen en 2018.

Ispizúa: un español en la cumbre

Los estudios de Sinclair para revertir el envejecimiento no son los únicos. El científico español Juan Carlos Izpisúa, profesor del Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk (California, EEUU), logró a finales de 2016 revertir el envejecimiento en ratones con progeria, una enfermedad que provoca vejez prematura. Aplicó el mismo sistema para disminuir los efectos de la edad en los órganos de ratones sanos.

En ambos casos, las investigaciones del doctor Izpisúa dieron resultado. La vida de los ratones con progeria se prolongó un 30% más. En los sanos mejoró la cicatrización de heridas y se redujeron enfermedades asociadas a la edad, como las cardiovasculares.

El científico español, una de las mayores autoridades mundiales en el aumento de la longevidad, empleó un método que consistía en convertir cualquier célula adulta en una célula madre pluripotente, como las de los embriones. Sus investigaciones, publicadas en prestigiosas revistas científicas como Cell o Nature, lo han incluido en las quinielas para el premio Nobel.

En 2016, Izpisúa acaparó la atención de la comunidad científica mundial por sus investigaciones para revertir el envejecimiento. En 2017, la revista Cell publicó sus estudios destinados a solucionar la carencia de órganos para el trasplante, usando a los cerdos como “incubadoras”.

Izpisúa, sin embargo, no habla de inmortalidad. En su opinión, debemos pensar en términos de salud, no de inmortalidad. “En la última etapa de la vida, nuestro cuerpo decae y no podemos evitarlo. El objetivo es conseguir que esos años sean de mayor calidad y la enfermedad tarde en llegar o no aparezca”.

Y tú, lector/a en la barrera de los 50, ¿qué opinas? ¿Te gustaría vivir 150 años en buenas condiciones? ¿Y ser inmortal? ¡Esperamos tus reflexiones y comentarios!

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